Bailón | GGrippo | Ramírez       Moda en progresión

“¿Esto es un traje o una escultura? El lugar donde se desarrolla la acción, ¿es una tienda o una galería de arte? ¿Estamos frente a un desfile de modas o a una performance?. Preguntas que muchos se vienen haciendo desde 1900 en adelante, fecha en la que el arquitecto austríaco Adolf Loos relacionó arte de vanguardia con moda y transitó por límites difusos.

Rosa Bailón, desde su etiqueta Madame Frou Frou, experimentó, a partir de fines de los años 60, alianzas entre música, cine, literatura y ropa. Las pinturas de Daniel Melgarejo caracterizaron la vitrina del local 26 en la Galería del Este, que supo del aporte de artistas del Di Tella, tales como Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, para exhibir producciones de arte para usar. Ella fue una precursora de los ready made indumentarios, presentando hallazgos tales como zapatos y trajes, fruto de sus exhaustivas recorridas por tiendas y mercados de pulgas. Su cuerpo fue territorio del discurso, basado en la creación, guiada por pasiones y estados de ánimo.

Gabriel Grippo se define como “arquitecto, dibujante, pintor, fotógrafo, a quien la ropa (más que la moda) lo seduce por la portabilidad del mensaje”. Desde su participación en la Primera Bienal de Arte Joven (1988), realiza performances, instalaciones e intervenciones en espacios. Creó la marca Trash-à-Porter para una exposición en la galería White Columns (1995). Sobre la estrategia de la recuperación y la transformación, las operaciones visuales de Grippo amplían los campos naturales donde se asienta cada disciplina.

Pablo Ramírez reconoce el dibujo como herramienta. Sin embargo, vislumbra un híbrido de la moda, “en el momento del show, cuando se fusionan dibujo, moldería, construcción de los prototipos en una experiencia que calificaría entre científica y artística”. Obviamente, Ramírez habla de performance, un género que lo encuentra entre sus adeptos en la categoría de espectáculo. Organizando el tiempo en décadas, Bailón, GGrippo y Ramírez componen la ecuación 70-80-90, años de los que han sabido traducir un espíritu, una mirada irónica y una postura, flirteando los tres con la periferia para ejercer una resistencia tanto estética como ideológica.

A GGrippo y a Ramírez les funciona, para ellos y para Rosa Bailón, el término “creadores”, aludiendo a la palabra francesa “createurs”, alejados de los tecnicismos. Sea mediante las performances o mediante la instalación, sus procesos creativos tienen mucho de ritual, son ejercicios donde los objetos y elementos pertenecientes a la moda se reelaboran, se conceptualizan y se presentan bajo los géneros o resoluciones del arte.

Ana Torrejón
Curadora invitada

   

     

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